9 de mayo de 2012

Tirso Cons: “Mientras en Francia cuidan su cultura del cómic, en España faltan lectores”

 El dibujante Tirso Cons publica en España junto a David Muñoz y Javi Montes “La casa de los susurros” una historia de aventuras y misterio donde el dibujo de las viñetas cobra vida.

“De pequeño quería ser bailarín o dibujante de tebeos”, ironiza entre bromas, y para suerte de sus lectores, se quedó con la segunda opción. Tirso Cons (Pontevedra, 1979) es uno de los mejores dibujantes de este país, pero como les ocurre a casi todos, su talento es disfrutado antes en Francia que en España. “En Francia leer cómic forma parte de su cultura y lo cuidan”, afirma Tirso. Su último trabajo es un ejemplo. “La casa de los susurros”, junto al guionista David Muñoz (“El espinazo del diablo”) y el colorista Javi Montes se publicó por primera vez en Francia en 2007. Tres volúmenes cuyo último número salió a la venta en 2011. “Tardé tanto con el último volumen porque me bloqueé bastante… no estaba contento con los cambios en la editorial, como que el editor con el que trabajaba se fuera y algunas condiciones que se había hablado no se respetaran. Además, tuve una lesión en los tendones del brazo derecho por el sistema de trabajo que utilizaba con lápices duros, lo que me llevó a cambiar mi técnica, trabajando con tinta y pincel, algo que disfruto mucho, la verdad”. Una época mala que no le gusta recordar. Aunque lo mejor fue el nacimiento de sus dos hijos, en 2009 y 2010. Cinco años y tres volúmenes que ahora la editorial Dolmen recopila en un formato más pequeño para la edición española. Pero empecemos por el principio.

“La casa de los susurros” nace de la amistad entre Tirso Cons y David Muñoz cuando se conocieron en un salón del cómic en Albacete en 2006. Varias reuniones, un montón de cafés y muchas ideas para no perder la oportunidad de trabajar juntos. Al final, de dos mentes ingeniosas algo bueno tendría que nacer. Partiendo de la psicología que David había utilizado en los niños de “El espinazo del diablo”, decidieron que ellos debían ser los protagonistas de su historia. “El niño es un buen espejo en el que verse. Te recuerda un poco todo lo que tienes que ver y corregir, en vez de corregirlo en los demás que es lo que tendemos a hacer siempre. En el momento en el que los juntas y les das cancha enseguida se organizan. Está el que toma decisiones y el que las acata. Quién es fiel y quién no. Los niños toman decisiones y asumen equivocaciones, y lo hacen de una forma sincera. Y sin embargo con los adultos no y jugamos con esos dos universos.” Pero todo protagonista tiene su antagonista.

La historia transcurre pocos años después de la Segunda Guerra Mundial. Sara, una niña que acaba de perder a sus padres y su hermana en extrañas circunstancias, es trasladada a un orfanato en la antigua Checoslovaquia. Allí se encuentra con otros niños que, igual que ella y según les dicen los médicos, están infectados por un virus que están intentando curarles. Pero la historia no acaba ahí. Los niños descubren que son parte de la lucha entre monstruos y humanos que lleva produciéndose desde el principio de los tiempos. Los monstruos quieren formar parte del mundo y dominarlo, los humanos, por su parte, destruir aquello que no entienden y temen. De esta manera se intenta recrear la eterna lucha entre el bien y el mal y cómo afecta esto a las relaciones entre los personajes. “Queríamos crear el bestiario en base al folclore que nos rodea. La mayor parte de los monstruos-animales tienen que ver con una contaminación sanguínea. Te conviertes en hombre lobo porque te araña o te muerde un hombre lobo, te conviertes en vampiro porque te muerde un vampiro, etc… hablo del mestizaje, del mezclarse y contaminarse. En el fondo no deja de ser un paralelismo con enfermedades de la sangre como el VIH. Una de las inspiraciones que tuvo David fue el caso de un orfanato que había en África donde vivían niños con VIH y cómo estaban organizados, cómo ellos llevaban una vida normal dentro de eso y las relaciones eran más o menos normales, pero no de cara afuera. Parece que eran universos en conflicto cuando ellos podían seguir una vida normal. No deja de ser una metáfora de este tipo de separatismo que se crea. Era meterlos todos en el mismo saco: los monstruos y los que están contaminados, porque todos han sido humanos en algún momento. Los que están contaminados y los que no. Los que consideran que tienen que ser curados y si no pueden ser curados, aislados o erradicados. Y los que consideran que aunque estén contaminados pueden seguir viviendo”, explica un Tirso ilusionado, como el niño que le cuenta a un amigo la lucha que hubo en la película de ciencia ficción que vio anoche en televisión.


Pero toda historia sin su contexto no tiene ningún sentido. En “La casa de los susurros”, el escenario es la posguerra de la Segunda Guerra Mundial y tiene su explicación: “Ubicar una historia durante el conflicto implica muchas cosas que no tenían nada que ver con nuestra historia. También, al principio de la historia se juega un poco al despiste con lo de los virus nazis. Durante la posguerra siempre hubo mucha leyenda alrededor de que si existían pequeñas células terroristas de residuos nazis una vez terminada la guerra que seguían haciendo daño a los aliados que ya se habían ubicado en Europa. Se hablaba de atentados con armas químicas. Era una mentirijilla que los druidas ponían en la cabeza a los niños, pero luego no tenía nada que ver.”

El sándwich mixto, el zumo y el café que Tirso ha pedido para desayunar se está acabando, pero esta entrevista no porque todavía hay muchas cosas que preguntar. Tirso estudió Publicidad y Relaciones Públicas y trabajó durante un tiempo en una empresa de publicidad. Durante ese periodo olvidó su vocación hasta que visitó el Expocómic de Madrid en 2002. En esa edición participaba Randy Stradley, el editor de “Star Wars”. “Todo el mundo me decía que no se podía vivir de esto, pero Randy me animó a dibujar. Esa misma noche hice unos dibujos y volví al día siguiente para enseñárselos y me dijo que tenía que seguir dibujando.” Tres años después, gracias al editor Pierre Paquet al que conoció en el Salón de Barcelona, publicaría su primer cómic en Francia: “El ojo del diablo”. Después vendría el tomo 4 de “Marshall” en Les Humanoides Associes y luego “La casa de los susurros” y “Las crónicas de Legión”, todavía en fase de publicación de sus 2 últimos tomos. Pero a España sólo han llegado “La casa de los susurros” y “El ojo del diablo”, este último en 2005 con Recerca Editorial. “En España falta un mayor hábito de lectura, en general. En el comic formamos un grupo de fuerte afición pero aun muy pequeño. Los últimos años me parece observar que poco a poco la gente se está abriendo al medio y es muy positivo…. Pero no dejo de envidiar la cobertura y la naturalidad que vive el medio en paises como Bélgica o Francia dónde todos los estratos apoyan el medio de manera integral: estado, empresas y particulares” , admite uno de los muchos dibujantes que ha tenido que buscar su futuro en tierras extranjeras. Pero no se arrepiente y sabe que su mercado, ahora mismo, está allí y no en España.


 “La casa de los susurros” es el ejemplo de la “fuga de dibujantes” que este país ha padecido y seguirá padeciendo mientras no haya una industria que apoye la labor de gente como Kenny Ruíz, Paco Roca, Guarnido o el propio Tirso Cons. Una pérdida de talento que sólo apreciamos en España cuando los franceses ya han catado antes nuestro producto nacional. Y no lo digo yo, lo dicen muchos profesionales que como Tirso trabajan para el “eterno” enemigo. Si no me creen, pregúntenle a él, aunque no es fácil encontrarle. “Si no fuera porque tengo que sacar al perro, no pisaría la calle en toda la semana. Trabajo bastantes horas al día y en chándal. Si alguien abriese mi armario pensaría que soy un deportista profesional.” Eso sí, si dan con él, no le pregunten sobre la novela gráfica. Ese tema, lo dejamos para otro desayuno… 


Damos las gracias a Gotham Central Getafe por su colaboración para esta entrevista.

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